El Libro
Hoy era un día normal en la vida de los Cullen, cada integrante de la familia estaba atendiendo sus prioridades y responsabilidades. Bella y Edward, estaban en la cabaña, Rosalie y Emmett estaban de viaje por África, Alice y Jasper estaban en el paseo de comprar para no perder la costumbre de las compras, Carlisle estaba en hospital haciendo su trabajo de Medico. Todos estaba afuera de la mansión excepto Esme y Nessie, hoy era un día que ambas ordenarían la casa.
Luego de haber empezado por la sala y seguido por la cocina, decidieron ir al despacho de Carlisle.
Nessie se abalanzo sobre los libros de su abuelo, le encantaba ver aquellas escrituras muy bien cuidadas a pesar del paso del tiempo, todos estaba muy bien encuadernados, y algunos tenían las hojas amarillas por los años pero eso le daba un encanto especial.
Pero a Nessie de toda esa cantidad de textos le llamo la atención uno en especial, el mejor termino para describirlo es decir: que aquellas escrituras, estaban forradas con tapa y contratapa de cuero negro, se veía algo pesado dado que en su interior albergaba muchas hojas a simple vista, así que la pequeña decidió pedirle ayuda a su abuela.
Esme se acerco al librero y tomo aquello que quería su adorada nieta. Antes de dárselo a Nessie, miro la portada para ver que era lo que tanto quería la pequeña, pero lo curioso era que no tenía ningún tipo de titulo ni en el frente, ni el dorso, ni siquiera en la parte de atrás, seguro que el tiempo había hecho estragos en la escritura. Sin en contara nada se lo paso a Nessie y junto a ella se fueron acomodar en unos de los sofás al estilo colonial que habían dentro del estudio de su esposo.
Los dedos de la vampiresa de pelo color caramelo se deslizaron suave sobre el cuero sintiendo el tacto rugoso producto de las hendiduras provocadas por el tiempo. Abrió la tapa con sumo cuidado y sus ojos se posaron sobre los párrafos que aparecían escrito por una caligrafía perfecta, que ella sabia muy bien que era de su amado Carlisle, Nessie por su parte también se dio cuenta que se trataba de la letra de su abuelo, su rostro se ilumino y se recostó sobre el pecho de Esme, para que le leyera.
- ¿Que dice? – pregunto la pequeña, a pesar que sabia leer prefería escuchar la melodiosa voz de Esme.
La vampiresa le dedico una pequeña sonrisa a la niña y se aclaro la garganta.
- "Hay cosas de mi vida mortal e inmortal, que aun hoy recuerdo y no quiero olvidarlas, no se cuanto mas dure mi frágil memoria sobre aquello que hoy veo nítidamente a veces y otras veces las veo como producto de un sueño, pero se que un día no muy lejano mis recuerdos se esfumaran como lo ha hecho la sangre de mi cuerpo.
En las siguientes paginas contare mi historia, mi vida, lo que he sido, lo que soy y lo que seré durante toda la eternidad."
Amor y odio
Londres 1640
Mi historia comienza mucho antes de que yo viniera al mundo. Para ser más exacto, casi un año antes de mi nacimiento.
Mis padres se casaron por la costumbre de la época, matrimonio arreglado entre ambos padres de familia, a los que yo llamaba mis abuelos, ellos prepararon todo para la gran ceremonia, donde una pareja de desconocidos contraria nupcias y así crearían una familia uniendo dos familias de una clase un poco mas arriba que la campesina pero sin pertenecer a la burguesía. Aunque se aspiraba siempre a pertenecer a los de arriba que a los de abajo.
Como decía luego de un año de matrimonio entre Charles, nombre del Rey en esos momentos y mi madre Marie Anne, que llevaba ambos nombre católicos. Nacería yo.
Por lo que se, que me ha dicho mi nana Constance, yo Carlisle Cullen, nací un 21 de marzo, un día de semana, de mucho calor y en la mitad de la noche londinense. Pero así como yo nací aquel día, una vida se apagaba por mi nacimiento, era uno de los culpables de la muerte de mi madre, y de que mi padre tuviera motivos para no quererme, se que me amaba en el fondo, lo descubrí tarde como el descubrió tarde mi persona.
A pesar del matrimonio arreglado entre Charles y Marie, mis padres, ellos se amaron, por lo menos eso me dijeron a mí y así lo creo, pero yo acabe con ese amor que mi padre tenia, por lo menos el que en algún momento en el embarazo de mi madre pudo haber sentido por mi, durante años hice todo para que me quisiera, y que no me tuviera a su lado solo porque era un vivo recuerdo de mi madre, pero al final de cuentas logre lo que anhelaba, el me quiso cuando ya no habia tiempo para ningún de los dos, cuando se entero que habia muerto a causa de su estúpida causa hacia lo que ahora soy, hacia los vampiros.
Mi infancia.
La memoria es frágil, y más cuando se trata de los primeros años de infancia, no recuerdo mucho de lo que fue mi niñez, tengo pequeños fragmentos que no se conectan dentro de la cabeza. Algo que si tengo fresco en la cabeza es la rutina de él, mi padre, lo veía pocas veces en mi primos años de vida, y cuando lo hacia era poco tiempo en la noche, el vivía prácticamente en la iglesia o sino estaba con sus amigos hablando sobre la revolución, Inglaterra estaba bajo los vientos de la revolución, por momentos tenias pan y otros no tenias nada, ni siquiera las migas, habia días en los cuales no se podía salir por los enfrentamientos que formaban en la calle, entre aquellos que estaban a favor de rey Carlos I y aquellos que estaban a favor de Oliver Cromwell, para mi era un juego el ver a los suizos, los mosqueteros, los revolucionarios cargando sus mosquetes, las pistolas, las espadas, y luchando con gran valentía. Y nosotros niños simulábamos ser grande y jugábamos a eso, a la guerra, a la lucha.
No tenía miedo a nada en esos años, exepto a la oscuridad, si mi gran miedo era quedarme solo en casa a oscuras, otra cosa que recuerdo de aquellos días era que me quería unirme algún regimiento quería tener un caballo y caminar acompaño de ese atuendo tan galante y tan respetado por todos. Pero tenia que obedecer a lo que quería mi padre para mi bienestar, el me quería hacer un hombre mas al lado de Dios y por eso tenia que perseguir a esas bestias que veía ilustrado en sus libros, ellos eran los verdaderos enemigos del reino y principalmente de nuestro señor.
Por eso mismo me enseño el arte, la esgrima, la equitación, la lectura y la escritura.
Pero un día, el 30 de enero de 1949, a mis nueve años de edad iba a vivir mi primer momento histórico, el cual empezaría a cambiar mi vida, así tomar mi primera decisión importante de mi vida, esa decisión serie el de alejarme de las armas a menos que mi vida estuviera en juego.
Mi padre quería asistir a ese momento
"Hay un tumulto de gente en la plaza, pocas veces en mi vida habia visto tanta gente junta, la mayor concentración de gente que habia visto es cuando las personas asisten a la iglesia, pero esto no se compara con nada,, pero claro esto es una plaza, no una iglesia. Se puede ver que hay de todas las clases, ricos, pobres, hombres, mujeres, niños, todos estaban alli."
"- Es hora que empieces hacerte hombre Carlisle. Por eso mismo te traigo aquí.- mire a mi padre con asombro.
- ¿que es lo que haremos padre?
- solo fíjate en la tarima de madera que hay ahí, dime ¿que ves?- con ayuda de mi padre el cual me alzo para que pudiera ver mejor, agudice mi vista y lo vi, un hombre vestido todo de negro el cual llevaba un larga espada entre las manos.
- un hombre armado, veo un hombre armado padre.
- ese hombre es un verdugo hijo – al decirme aquellas palabras sentí como se me congelaba la medula, yo sabia muy bien que era un verdugo. – hoy es la ejecución del Carlos I, el día que se llavara acabo la justicia, hijo.
- …- no pude decirle nada mas, mire de nuevo la tarima de madera y ahí entraba el rey, la muchedumbre lo abucheaba, el verdugo estaba como piedra, no se inmutaba, Carlos puso su barbilla sobre la fría piedra que servia de apoyo, el verdugo camino lentamente hacia el, levanto su cuchillo y la cabeza del rey se desprendió del cuerpo, el verdugo tomo la cabeza y la exhibió al publico, en ese momento en el cual veía como la sangre escapa a borbotones del cuerpo y la gente gritaba me empecé a sentir muy mal, todo me empezaba a dar vueltas, sentía mucho calor y lo pero de todo es que me hubiera largo de ahí, si hubiera sabido como llegar a mi casa.
- Eso es justicia hijo – dijo mi padre poniendo una de sus manos en mi hombro y sirviéndome de apoyo.- así es como se acaban en la tierra aquellos que son traidores y pecadores, la muerte para que nuestro señor les de su merecido."
Luego de eso mi padre se hizo mas beato, las cosas seguían siendo un tanto turbulentas en Inglaterra, posteriormente a las revoluciones y a la guerra, el derramamiento en vano de sangre de gente inocente, tenia decidido que no seria un hombre de armas, pero tampoco podría ser un hombre de pluma, no ganabas nada de dinero, con suerte alcanzaba para el pan y no podría pensar en tener una propia habitación en alguna posada decente de Londres, nadie me querría como inquilino.
Seguí creciendo bajo la educación de mi padre, a mis doce años de edad sufrí la segunda perdida importante en mi vida, mi nana moriría a causa de la cólera, y con ella termina dolorosamente mi niñez. A partir de ese momento dejaría atrás al niño que alguna vez fui.
Ahora era un mozalbete de doce años, sin una figura materna, que me protegiera, que apañara aquellas travesuras o escapadas de misa que solía hacer en compañía de mis amigos. Como me gustaba salir a jugar arriba de los árboles, todavía recuerdo mí ultima travesura, era un día de esos, en que los días eran largos y parecían que nunca tenían fin.
"- Carlisle – me susurro John
- ¿Que quieres? – le conteste en el mismo tono bajo. Mi padre estaba de pastor hablando y mi amigo y yo estábamos cerca de el, si nos pillaba hablando estaríamos de nuevo tres horas de nuestras vidas rezando, la verdad que no podría soportar de nuevo otro castigo sobre mis rodillas.
- El naranjo ha dado frutos.
- Que bueno.- lo mire por el rabillo del ojo - ¿y?
- ¿Como que y…? – meneo la cabeza preocupad. – podríamos…
- No John, esta vez anda arrojarlas sin mi ayuda, no quiero de nuevo otro castigo de parte de mi padre, vuestro padre es benevolente el mío no, tu sufrirás el castigo aquí, yo no me salvare tendré que sufrirlo aquí en casa, y donde sea.
- vamos Carlisle, hagamos una apuesta, te doy un escudo si le das a mas carruajes que yo.
- ¿y si pierdo?, no soy tacaño, pero no tengo dinero, y ni modo que te daré un gallina del corral, la otra vez me termino picoteado todo y no es agradable estar todo picado por un animal.
- no seas cobarde.
- de acuerdo cuando mi padre empieza el segundo párrafo nos vamos de aquí.- lo mire.- pero si pierdo que te daré…
- tu espada.
- me la acaban de regalar, mi padre me matara si te la doy, vale, vale.- dije resignado.
Nos quedamos en silencio, las personas que estaban dentro de la iglesia seguían atentos a las palabras del Pastor, así que John y yo nos escapamos sin problemas.
Caminamos por las calles hasta llegar al pequeño parque, conformado a penas por pocos árboles y una cuantas flores, que habia en una de las esquina de la plaza.
Subimos arriba del naranjo, y esperamos a que los carruajes pasaran por la calle. John tenía mucha mejor puntería que yo, pero tenía un problema, era más pesado que yo, así que las ramas más débiles no lo soportaban mucho tiempo. Yo en cambio era más ágil trepando y quedándome en los árboles, tenía años de práctica escapándome de la casa y ocultándome en los árboles.
Delante de nuestros ojos paso un carruaje de esos importante, estaba tapizado y todo, los tiraban cuatro caballos negros. John le dio a uno de los caballos, eh hizo que se detuviera, el cochero se fijo en nuestra dirección, iba empezar andar de nuevo dado que no nos vio, pero el tonto de mi amigo, se les escapo una de la naranjas de la manos y para que decir, el cochero se bajo a buscarnos, John y yo saltamos para dar huida rápida pero al caer mi amigo, se torció el pie, el hombre lo agarro y lo reto, yo seguí corriendo, no quería que me retaran, a la finales mi mala puntería no le habia dado a nada, pero como estaba corriendo sin ver hacia donde lo hacia me tope contra otra persona, cayendo ambos al piso, el impacto hizo que cayera arriba del agresor, o lo que fuere, abrí los ojos que tenia cerrados por cuestión de reflejo y me doy cuenta que estaba arriba de un señorita.
- lo siento. – me levante y le di mano- no fue mi intención.
- eres un maleducado
- fue un accidente, vera es que…- ella se acerco lentamente se paro a poca distancia de mi y su mano derecha impacto fuertemente en mi pómulo izquierdo.
- aaa, loca – me cacheteo de nuevo, del mismo lado. - ¿y esa por que?
- me llamaste loca, yo soy una dama
- tu me abofeteaste, sin motivo. No eres una dama, eres una loca. – Pero esta vez me tire hacia atrás, esquivando su golpe.- una dama no pelea.
- tu ofendiste mi honor.- yo la mire incrédulamente – me tocaste.
- no te toque, me caí encima tuyo porque… ya da igual – dije cansando de esta situación.- como quieras, lo hice a propósito, ahora me disculpo por todo, me iré, adiós lady – dije y me eche a correr de nuevo, esta vez volvería a la iglesia, lo que me faltaba era que mi padre me retara.
Llegue y el estaba despidiendo a sus fieles, al verme llegar me miro serio, seguro yo estaba todo rojo.
- ¿Que te paso en vuestros cachetes?
- me abofeteo un niña, porque me choque con ella, y le pedí disculpas, pero no las acepto, padre.
- Pero tienes muy rojo el cachete, Carlisle
- es que la llame loca, porque me golpeo sin motivos padre, y al decirle la verdad se le ha dado por darme otra muestra de su fuerza – me acerque a uno de los baldes que tenia agua y sumergí la cabeza en el agua para calmar el dolor y el ardor.
- te lo tienes merecido, muchacho, no puedes lanzar injurias a la gente.- me dijo.- tu y John limpiaran el granero, la iglesia, por una semana ustedes serán los encargados del mantenimiento de la iglesia, de los libros, y de todo.
- Como digas padre – dije."
Esa fue la última vez que me escape de las horas de misa, luego de eso no lo volvería hacer nunca más, John años mas tarde se mudaría a Manchester, y no sabría nada mas de el, y de la señorita que me abofeteo, años mas tarde mi padre y el padre de Anne, nos comprometerían para que nos casáramos. Algo que nunca llego a concretarse. Claro, porque antes de llegar a la fecha acordada para unirnos en sagrado matrimonio, días antes, mi vida cambiaria radicalmente.
El día que cambio mi Vida.
Londres 1663."Hace ya varios años que soy encargado de la iglesia de mi padre, el ya esta muy entrado en años, pero aun así no desiste de su idea, se que en algún momento se aburrirá de ir a cazar a los vampiros, brujas, lobos, y cualquier cosa que vaya contra su fe, todavía no se como puede tener tanto odio por dentro contra "aquellos", pero no lo puedo cambiar, el es así y me tengo que conformar con el padre que me toco me guste o no.
Hace ya un par de años que volvimos a la monarquía, el hijo de Carlos I, o sea Carlos II a tomado el poder, dicen que lo ha hecho gracias a una fortuna que ha escondido su difunto padre en algún lugar de Gran Bretaña mas la ayuda de un general opositor a Cromwell, todos esos chusmerio que a pesar que pasan los años siguen de boca en boca, la costumbre de la gente que tiende hablar de mas y la verdad que ya me hago inmune a este tipo de cambios, no importa quien gobierne mientras tenga que comer y salud, me da igual.
Mi vida, pues ya tengo 23 años, y sigo soltero, pero no por mucho tiempo más para mi pesar y en contra de mi voluntad mi padre a convenido con un Conde de la región, tengo mala memoria y no me acuerdo de donde, no importa no me casare con el Conde como para acordarme su nombre ni tampoco me iré a fuera de Londres, me casare con la hija, y por lo que me concierne viviremos aquí. Como decía, me casare con Anne, pero yo no quiero, por mi me casaría con Stella pero mi padre no quiere, es que ella es hija de la panadera, y yo… si soy el hijo de pastor, no veo diferencia. No importa todavía tengo una semana antes del casamiento, ya veré como me libro de esto, creo que me fugare. Londres es grande, y mi padre no me podrá ir a buscar por todo Londres."
- Carlisle abre la puerta.
- ya voy – grite.- bueno diario hasta aquí por hoy, mañana seguiremos planeando que hago de mi vida.- camine hasta la puerta y la abrí - ¿Ahora que paso Jonathan?
- tengo los planos armados para esta noche – me miro.- me vas a dejar entrar en la habitación o tienes alguien oculta por ahí.
- pasa – suspire – estoy solo.
Jonathan es uno de mis mejores amigos, es uno de aquellos locos igual que mi padre que esta obsesionado con esas criaturas.
- mira que tengo – desplegó un mapa arriba de mi escritorio.- tengo los planos de las alcantarillas
- ¿A quien se los robaste? – pregunte picaramente.
- Hey no me los robe, bueno robar no es la palabra, los pedí prestados de la casa del Señor Wallace, ni se dara cuenta.
- claro lo que tu digas.- lo mire y me sonreí. – ahora dime que tienes pensado.
- Nos dividimos en dos grupos, William, Terry, Tom, van por un lado – indicando el norte en el mapa – Steve, Rafael, tu y yo por este, donde viste a los vampiros la otra vez. Carlisle yo se que tu los viste, deja de mentirle a tu padre, mira yo se que lo haces porque no quieres que vuelva hostigarte con eso de "ve y matadlos en nombre Dios", pero yo soy tu amigo, y quiero verlos.
- ¿Y si nos matan? Tu sabes que lo que yo pienso respecto a las ultima muertes que han ocurrido en la ciudad, ahora que no hay revolución, que la guerra será contra Escocia o Irlanda, lejos de aquí, porque hay tantas muertes en la ciudad, yo se que son ellos, no pondré mi vida en juego, si quieres ir tu y matarte, hazlo.
- No me moriré a menos que me convierta en uno de ellos pero… ¿que pasa si te conviertes en uno de ello antes que yo?
- te perseguiré, te morderé y me soportaras la eternidad diciéndote. – Lo mire serio - "Jonathan, yo te lo advertir"
- bueno me arriesgo a que me retes eternamente. Pero yo los quiero ver, vamos Carlisle, si matas a uno de ellos y le traes la cabeza a tu padre, el te dejara que elegís lo que quieras, píensalo. Serás su orgullo, su hijo Carlisle Cullen el cazador de vampiros numero uno de todo Londres.
- de acuerdo, iré para darte el gusto, pero no haré nada contra ellos a menos que mi vida este en juego. ¿Entendiste?
- Si capitán.
- vamos deja de festejar, a la noche luego de ese pequeño paseo nocturno te prometo que iremos por ahí a tomar algo con el resto.
- es verdad hay que aprovechar que eres aun soltero. Bueno me iré no veremos dentro de tres horas, nos vemos cerca de la taberna del tío de William como siempre. Nos vemos
- adiós – le dije cerré la puerta y me quede mirando la ventana.
Era ridículo que mozalbetes como éramos nosotros íbamos a poder contra aquellas bestias, uno de ellos nos pondrían fin a todos nosotros, mas si estaba abriendo, no quedaría ni uno vivo. Pero me impulsaba el ir por aquellas palabras, si lograba esa gloria mi padre me dejaría hacer lo que yo mas quisiera.
Me cambie las botas por unas más cómodas, agarre mi espada y el sombrero, para irme al centro a encontrarme con mis amigos.
Antes de llegar a ellos, pase por la panadería de la familia de Stella, me di la vuelta para entrar por la parte de la cocina. Me acerque a una de la ventanas que habia y empecé a silbar.
- pss Stella – llame.
- Señoriíto Cullen que hace aquí?
- Vamos señora Virginia, vengo hablar con su hija.
- No Cullen date la vuelta y vete de aquí, tu ere un hombre comprometido.
- Pero solo vengo hablar con su hija. Le prometo que no sabrá mas de mi, por ahora – sonreí – solo préstemela por dos minutos, solo dos. Se lo suplico.- me miro fijo por un segundo.
- Anne te están buscando.
- ya voy madre.- ella tenia un tono muy agradable, tan dulce y jovial. Dos minutos de espera y ella apareció atrás de su madre.
Anne es una joven de mediana estatura, no es mucho mas baja que yo, posee un pelo largo de color azabache, sus ojos son del mismo color del cielo, un color hermosamente celeste.
- Carlisle…
- los dejo solos pero dos minutos, nada mas que dos minutos.
- Gracias señora Virginia.- la madre de Anne salio dejando solos.
- ¿Como estas?
- Yo Bien – me dijo - ¿y tu?
- yo, igual que siempre, solo estoy bien cuando estoy cerca de ti- tome su cara entre mis manos.- estuve pensando… si te pido que te escapes conmigo ¿lo harías?
- pero tu estas comprometido.
- olvídate de todo, yo me voy contigo bien lejos de aquí, tengo dinero suficiente y con el estaremos bien por un tiempo, conseguiré trabajo y seremos tu y yo. ¿Que me dices? – sentía que mi corazón se quería salir de mi pecho.
- que si, que me iré contigo.
- no sabes lo feliz que me hacen vuestras palabras, prepara tus cosas, yo atiendo un asunto y a la madrugada partimos lejos de todos.
- ¿Que tienes hacer?
- voy con los chicos a buscar vampiros- ella negó con la cabeza con resignación- no es por mi, es por mi padre, pero hoy te prometo que será el ultimo día que lo haga, luego tu y yo no iremos lejos de todos- me acerque aun mas a ella, nos abrazos y le deposite tiernamente un beso en sus labios.- no vemos luego, te amo.
- y yo a ti.
Ahora me sentía completo, tenía que volver de mi última noche de locuras, para hacer una aun más grande todavía, escaparme de mi padre para alcanzar el amor.
Seguí caminando calles arribas hasta llegar a donde se encontraban mis amigos.
- Ahora si estamos todos listo. – dijo Jonathan al verme.
Repasamos el plan una última vez, dos grupos, uno ira hacia el norte de las alcantarillas y el otro se dirigirá al sur, rodeando toda el área, por supuesto que todos vamos armados para el enfrentamiento.
Al llegar a una de las bocas de la cloacas, dos de mis amigos que estaban en mi grupo se quedaron parados esperando en la retaguardia mientras que Jonathan y yo caminamos acercándonos mas a la boca de la cloaca donde los habia visto. El aire estaba relajado, todo esto era puramente diversión hasta que el reloj de la torre de Londres marco las doce de la noche, y en ese precioso momento lo vi.
Una figura surgió de las entrañas de la tierra, pegándome en el cuerpo, mas que nada en la espalda haciendo que me cayera al suelo, la casería empezó, el vampiro estaba sediento, lo podía percibir, y nosotros somos su cena, mis amigos dispararon los mosquetes, le tiraban piedras pero no pasaba nada, el seguía moviéndose como si se tratara todos de simples bolitas hechas de papel, su abrigo era lo único que se veía que sufría daños, me pare del suelo, si atacaba por la retaguardia lo agarraria desprevenido y tendríamos posibilidad de huir, agarre un palo que se encontraba cerca mío y con ayuda de la pólvora de mi pistola encendí el fuego y se lo lancé dándole en la espalda, se voltio clavándome primero sus ojos rojos en mi, no me podía mover de lo paralizado que me tenían sus ojos sedientos de sangre, cerré los míos y cuando los abrí, en mi cuello sentí su fría respiración, sus dientes penetraron mi piel como dos lazas, el dolor era inmenso, algo me estaba quemando, pero el seguía presionando sus dientes en mi, quería golpearlo pero el dolor no me dejaba moverme, sus manos apretaban mis brazos para que mi cuerpo no se desplomara en la calle, segundos eternos después me dejo, y mi cuerpo cayo inerte en la calle, sobre los adoquines, mi vista estaba nublada era como si una tela no me dejara ver, el fuego seguía en mi, me estaba quemando vivo sin fuego, los gritos de los otros los podía oír, chirridos, espadas, explosiones, a lo que el contestaba con risas, la lluvia empezó a golpear mi cuerpo pero ni así perdía la temperatura que sentía, volví a sentir peso sobre mi, su tacto frío sobre mi, era lo único que parecía calmar algo del fuego, pero desaparecieron tal como apareció con una oleada de viento, oie como se alejaba, mientras yo seguía inerte ahí, sin moverme, quemándome, recibiendo mi castigo por todos los pecados cometidos en mi vida, con gran esfuerzo abrí los ojos para encontrarme con cadáveres que yacían a poco centímetros y metros de mi, mis amigos estaban muertos, pero yo no, algo no me dejaba morir, pero tampoco me dejaba vivir… a menos que esto era lo que decían los libros, si ellos, los reyes de la noche te clavan tus dietes tu te trasformaras en uno de ellos y sufrieras el castigo de Dios eternamente. No me podía pasar esto a mí.
Sabe Dios que he hecho todo en lo que he tenido en mis manos para hacer feliz a mi padre, para ser un buen ciudadano, un ejemplo a seguir. No me podía estar castigando con esto, de esta manera sobrehumana, con el dolor que corre por mis huesos, por mis venas quemando todo a su paso.
Entre la agonía que sentía por la punzante muerte que me consumía cada vez mas me deja caer, sobre un traga luz, el vidrio se estrello contra mi, pero no podía sentir el dolor, no sentía nada mas que ardor, fuego, quemazón, como mis huesos se quebraban.
La oscuridad del sótano era mi tumba.
Cerré mis ojos y deje que Dios eligiera que era mejor para mi.
Despertar.
No se cuanto tiempo estuve sumergido en la oscuridad del infierno, por momentos rogaba a Dios que acabara conmigo, si no era Él, seria el fuego que hacia rugir y astillaba sin piedad mis huesos, oprimiendo mis costillas contra los costados de la carne interna del cuerpo metiéndose en los huecos de las costillas sin dejarme respirar, me ahogaba, el pecho me dolía al menor intento de llenarlos de aire, algo me estaba aplastando, sentía punzadas profundas entre cada hueco de la costillas, un dolor único, que no se puede describir a la perfección y que no se entendería si no has pasado por algo similar al ahogamiento por falta de aire… cada tanto el fuego aparecía con mayor calor… y en esos momentos me sentía peor.Poco a poco empecé a sentir, a escuchar el sórdido sonido de los pasos que daba la gente, que caminaba en la calle prácticamente arriba mío, podía sentir a mis compañeras de cuarto, a las ratas que iba y venían corriendo sobre el suelo de madera, traían consigo comida, el olfato lo sentía mas desarrollado, podía sentir el aroma al queso, el de las papas, hasta el aroma de cada una de las personas. Las vibraciones que provocaban los carruajes al pasar, el clic clac de las herraduras de cada pata de los caballos.
Mi corazón se empezó a acelerar más y más, como si hubiera estado corriendo a todo lo que diera mis piernas durante horas, mi corazón quería salir del pecho, en cualquier momento lo haría, mientras mas corría mi corazón, que estaba totalmente desenfrenado, el fuego en mi interior más crecía en todo el cuerpo… y escuche… escuche como cada hueso de mi cuerpo se rompía y se empezaban a recuperar, el corazón único músculo en estos momentos en todo mi cuerpo que se movía, golpeaba fuerte, eufórico, vivo … pero luego de unos minutos seso por completo, apreté lo ojos aun mas, este era mi final, estaba muerto.
Abrí los ojos con mucha desconfiaba, pero no me haya en el cielo y menos en el infierno, no parecía ningún lugar bíblico, sino que sencillamente me encontraba sobre papas, tubérculos de la tierra. Estaba en la bodega de una taberna, para algunos podía ser el cielo y para otros el infierno pero para mi era una clara pista de que no estaba muerto, o tal vez lo estaba pero tampoco estaba vivo.
El sol entraba por el traga luz que se encontraba algo dañado, supongo que por culpa mía, la luz y el sonido de afuera me producían rechazo, el mismo que se siente cuando uno se despierta en un lugar oscuro y de golpe la luz asecha tu ojos, yo sentía lo mismo. La claridad con la que ahora veía era asombrosa, definitivamente no estaba muerto, sino que estaba maldito, humano no era, las ratas no salían de su escondite, sentían miedo de mi persona podía percibir sus emociones, olfateaba sus temores. Mire mis manos y eran blancas ni siquiera la harina era de mi color, sin duda ahora pertenecía a ellos.
Mi primer intento fue el de pararme y acércame hacia el traga luz, necesitaba irme de ahí, a penas los rayos del sol tocaron sobre mi piel me di cuenta que me seria imposible salir a la luz, los libros tenían razón los vampiros no son hechos para la luz del día, su castigo son las misma tinieblas y penumbras de la noche.
Me volví a sentar sobre las papas, esperaría a que la luz desapareciera y así me podría marchar del lugar sin ser visto.
No tuve que esperar mucho, como es costumbre en Londres una manta de agua fina cayo sobre las calles, oscureciendo el cielo.
Me moví sigilosamente sin ser visto por las calles, la lluvia fina y molesta, como siempre era mi gran ayuda para pasar inadvertido entre los humanos, empecé a caminar hacia las afueras de Londres, me dirigía hacia el este, el lado de la Europa.
Empecé a caminar rápido muy rápido, algo a lo que llamo miedo era mi motor, no se lo que pondría ser capas mi padre si se enteraba que estaba… con ellos, caminaba sin parar sin fijarme en el paisaje hasta que sentí como un aroma exquisito, se metía en mi interior volviendo loco a todos mis sentidos, la garganta me empezó arder, tenia sed mucha sed, era obvio no sabia cuanto tiempo estuve inconsciente en la taberna si probar bocado ni agua, y abrí la boca para llenarla con el agua que caía del cielo pero al sentir la primera partícula de agua mi ser la rechazo como si se tratara del mas puro de los venenos. Ese olor que provenía de pocos metros me tenía loco, era un manjar. Empecé a correr en dirección al divino olor, corrí entre los árboles hasta que llegue al lugar en donde habían dos hombres, uno de ellos estaba tirado en el suelo agonizante, el otro se monto en su caballo y se hecho andar, era obvio que habían tenido un duelo y que el hombre que estaba delirando en el suelo estaba perdiendo la vida, mas eso no le importaba a mi persona y me acerque a el tan rápido, que ni yo mismo me di cuenta de lo que ahora era capas de hacer.
Me hinqué al lado de el quien me tomo la mano, estaba delirando su cuerpo estaba muy caliente y bañado en sangre, divaga cosas con la voz, algo inexplicable porque estaba en francés y no tenia idea de lo que decía, me acerque aun mas intentando entender algo, aunque sea lo mas mínimo pero eso fue lo peor que pude haber hecho, me abalance sobre su cuello, estaba listo para morderle pero el me tomo del cuello de la camisa con toda la fuerza que tenia su cuerpo, me aleje de su cuello para mirarle la cara, para ver que sus ojos estaban cubiertos por el miedo y pedían la piedad, sus ojos reflejaban mi realidad, yo era un monstruo, y lo peor de todo es que estaba a punto de convertirme en un asesino, un verdugo sin escrúpulos como aquellos que trabajan en las plazas, a los que tanto odie durante años, lo seguí mirando fijamente alejándome de el, yo no podía salvarlo pero tampoco podía condenarlo a una muerta mas dolorosa, le eché un ultimo vistazo, y corrí, ahora corría con desesperación, muy rápido los árboles a mi lado desaparecían en cuestión de segundos.
Por fin encontré el mar, sin perder tiempo siquiera en pensarlo me lance al mar. Nade, y nade hasta que me detuve a mas de 500 metros de las orillas de mi Inglaterra estaba en medio de mi país y de Francia. El agua estaba caliente, no tanto como el hombre un poco menos, estaba más cerca de mi temperatura, un barco se divisa a lo lejos, supuse que si me quedaba ahí me intentarían rescatar y eso no seria muy bueno, así que volví a nadar un poco mas y se me cruzo una idea, deje de respirar y me sumergí hacia el fondo del mar.
No se cuanto tiempo permanecí alli abajo, la sobra del barco paso por arriba mío y luego se esfumo, me quede mas tiempo alli entre las rocas marinas, pero nada… parecía que no me podía ahogar, el aire no era necesario para mi, resignado como estaba absorbí agua por la nariz pero fue una mala idea mis pulmones no se llenaron de agua sino que fue como si hubiera tomado el agua por la boca, su sabor era asqueroso, era peor que comer guiso o algo en mal estado, ahora estaba muy desilusionado mi primer intento de suicidio no funciono, volví a la superficie, habia sol así que saque ventaja de que era ahora no necesitaba tomar aire para nadar y nade como si fuera un delfín o algún animal acuático solamente que superaba en grandes marcas sus tiempos, en pocos minutos estaba tocando suelo francés.
Intentos de Homicidio
Había llegado al suelo francés, mas específicamente al puerto de Marsella, cuando el sol estaba por aparecer en el horizonte. Mis ropas estaban todas mojadas, las botas de cuero negro, que con el pasar de los años estaban en malas condiciones ahora por el agua se encontraban peor,
-No creo que puedo llegar muy lejos con este calzado - pensé para mis adentros
No entendía mucho el francés, para ser sincero no entendía nada de nada, pero eso no era un obstáculo para mi, al fin y al cabo no necesitaba hablar con… ellos… los humanos para cumplir mi propósito principal.
Pase desapercibido durante un rato, me ayudaba mucho los callejones que aún conservaban el tinte de la noche, cuando creía que era lo más correcto me echaba a correr nuevamente entre las casas y los tejados, cada tanto regulaba el paso bajando a las calles, hacia todo con cuidado como la agilidad de un gato, pero todo esto lo hacía cuando creía que era necesario hacerlo para no despertar tanta sospecha entre la gente del pueblo.
Mi nariz se arrugo al olor fuerte del alcohol que provenía de adentro de las tabernas y de los borrachos que pasaban cerca de mí y por sobretodo de los barriles de vino que se encontraban en los sótanos de la misma perdición diría mi padre. Pero lo más molesto de todo eso no era el aroma sino el ardor de mi garganta que no quería irse bajo ningún punto de vista. Yo sabía muy bien que la sangre era el único éxtasis que podría calmar mis sentidos irritados por la sed, según los libros que había llegado a leer, los no muertos , los fríos necesitábamos sangre para subsistir. Solo sangre, nada más.
Estaba ensimismado en mi mundo cuando una idea vino a mi cabeza al escuchar disparos que provenían de la plaza principal. Apure el paso y llegue a donde estaba la revuelta. Unos mosqueteros apresaban a unos hombres, según ellos por haber creado una disputa en la posada que estaba al frente de la plaza. Me escondí detrás de unos árboles esperando a que se fueran todos. Luego de un rato no se veía a nadie más, solo a lo lejos se veía alejarse a los caballos. Un cuerpo yacía sobre el suelo, cuidadosamente me acerque a él y me lo lleve detrás de los arboles…
Bien le estaba robando las armas a un muerto, suspire, no me daba gracia robar pero no creo que al hombre le molestaría, ya no las iba a usar y yo las necesitaba por algo más noble. Le saque también las botas, no era de mi talle pero no me iba a poner quisquilloso en ese momento, ya encontraría por ahí otras botas para mí. Deje al muerto ahí en contra del árbol sabiendo perfectamente que podría haber bebido de su sangre, que aún conservaba el cuerpo sin vida, pero no lo hice, le eche una última mirada y me fui de allí corriendo al bosque antes de que llegara alguien más.
Antes de adentrarme en el bosque pedí prestado una cuerda de uno de los graneros que había por el camino. Otra cosa que tampoco creo que se dieran cuenta si faltaba.
Ahora sí, me encontraba solo en medio del bosque e iba hacer lo que tanto quería… me iba a quitar la vida, a pesar de que el suicidarse también iba encontrar de las creencias religiosas, no me importaba no me iba a convertir en un monstruo antes de matar a alguien me iba matar yo.
Mire el firmamento y observe como los ases de luces jugaban con las hojas de los arboles, baje mi mirada y vi como las misma luz se reflejaba sobre mi piel, era algo raro verse brilloso sonreí y volví a subir la vista a uno de los arboles, se veía bien alto.
-sería perfecto- murmure con un dejo de melancolía.
Deje las armas al pie del árbol y me trepe con la soga en una de las manos, era sorprendente la fuerza que tenia, y la agilidad que tenia para subir, no necesitaba pensar mi próximo paso simplemente lo hacía por instinto, era increíble esta nueva naturaleza… pero de todas formas no iba a cambiar mi modo de pensar.
De una de las ramas que se desprendía del árbol ate fuerte la soga, y me pase la soga por el cuello mire hacia abajo y simplemente lo hice, no lo pensé sino que deje que la naturaleza y el peso de mismo cuerpo lo hiciera… Me tire
-Maldición – murmure al no sentir ni el más mínimo signo de asfixia.
Era todo lo contrario a un cadáver colgando, sino que parecía un péndulo, ahí estaba yo colgando de un árbol balanciandome de un lado para el otro
– bien…- volví a murmurar dando un suspiro.
Alce una de mis manos y ágilmente me trepe por donde me había intentado ahogar, por la cuerda y luego la rama. Una vez arriba de todo desate el nudo del árbol y lo tire hacia abajo dejando caer la soga siguiéndola con la vista.
- es una distancia considerable – me dije, calculaba unos 15 metros desde donde estaba hasta el piso.
Trepe un poco más, lleno de confianza que ahora si iba a lograr mi objetivo.
Tome impulso cerré los ojos porque no quería ver cuando me la diera contra el suelo… sentía como el aire pasabas por mi cuerpo, la ropa, el pelo por todo, realmente se sentía bien hasta que… algo duro me dio firmemente en todo mi cuerpo deteniendo la caía al mismo tiempo que un sórdido ruido hacía eco entre los árboles, acompañada de el ruido de animales, principalmente pájaros que se alejaban del lugar escampando del ruido. Abrí los ojos con cuidado, temeroso de ver que era lo que había frenado mi caída
-No puedo correr con tanta suerte – dije al ver que mi mejilla estaba al lado del suelo.
Me levante furioso, pasando con fuerza mis manos por mis ropas para sacar la tierra y por sobretodo la mala suerte. Me estaba empezando a poner de mal humor, por sobre todas las cosas siempre odie que no me salieran bien mis planes y esto me estaba ofuscando.
Camine hacia al pie del árbol, tal vez el querer ahogarse en el agua, colgarse de un árbol e intentarse matar tirándose del mismo para quedar estampado contra el suelo quizás eso no haya sido lo suficiente para matar a un vampiro, hasta los humanos podían salir vivos de una situación así pero no de algún corte profundo en las venas o un balazo. Y justo tenía todo lo necesario ahí esperándome junto al árbol, me agache y agarre la espada, la tome con mucha decisión, unos cuantos cortes y listo, seria doloroso quizás pero no creo que algo superar el dolor al veneno de los vampiros.
Me arremangue la manga de la camisa dejando mi piel expuesta, extendí el brazo con firmeza cerrando el puño y con la mano de la espada, la levante para darme un hachazo en el brazo…pero nuevamente nada, la espada corría con mucha más suerte que yo, al primer contacto con mi piel se hizo añicos como si hubiera sido una frágil rama de madera y no una arma creada de de acero y hierro.
Di un sórdido suspiro, intentado conservar la calma. ¿Por qué era tan difícil quitarse la vida ahora que era vampiro? ¿Por qué siendo un humano las cosas parecen difíciles pero no lo son?
Bien si la espada no era la solución la pistola lo seria, un balazo en el cráneo y ahora si era el adiós definitivo ni la misma suerte me podría salvar de una muerte tan segura.
Tome la pistola entre mis manos y cargue la pólvora en ella. ¿Quizás Dios no deseaba mi muerte por eso no lo había conseguido hasta ahora? Pero no, si él no hubiera deseado mi muerte porque me hubiera hecho esto a mí, condenarme a ser lo que era. El estaba equivocando dejarme vivo y le iba a demostrar que era mejor que yo estuviera muerto.
Mire por última vez la pistola y la lleve al lado de mi cien, cerré los ojos y respire profundo, no tenía miedo sino que tenia rabia de que no me salieran las cosas. Fruncí el entrecejo y decidido apreté el gatillo.
… Mi cabeza se había movido apenas unos centímetros, pero no estaba muerto, estaba sordo lo mas probable. Nunca en mi vida había escuchado tal estruendo cerca de mí. Volví a cargar la pistola, colérico y abrí la mano que tenia libre y apunte allí, justo en el medio de la palma de la mano y volví a jalarle al gatillo pero nada, nada de nada, la bala estaba reposando en el interior porque mi acto reflejo hizo que cerrara la mano para que no se escapara la bala de mi mano.
-¡Demonios!- exclame esto me estaba sacando de si – ¿Por qué diablos no me dejas morirme?- tire la pistola con furia a la nada, o por lo menos por ahí se perdía porque no me podía controlar. – simplemente déjame morirme – gruñía al único responsable de todo esto, a Él , a Dios por seguir las estúpidas creencia de mi padre estaba como estaba, ni muerto ni vivo, era inmortal y estúpidamente invencible que no me podía quitar la vida.
Me deje caer sobre el suelo, tenía una larga lista de cosas que ya sabía que no daba resultado para suicidarse.
-Quiero ser un estúpido y frágil humano de nuevo – bufe, realmente quería ser uno de nuevo pero no para seguir con mi tranquila vida sino para matarme.
Cerré los ojos intentando tranquilizarme, pero no podía estaba colérico, sucio, con un fino ruido molesto en mi odio, por culpa del pistolazo, ahora era más sensible al ruido y por sobre todas las cosas, lo más molesto de todo que tenia sed. La garganta me ardía, me quemaba y me estaba volviendo loco, si loco, y ni siquiera la salivaba me clamaba ¿Por qué? Porque no producía saliva, y al intentar tragar lo único que hacía era rasparme la garganta.
-Te odio – grite pero parecía mas a un rugido que salía del medio de mi pecho, algo que no entendí como podía ser si yo era un… - diablos – si era un vampiro pero aun no me lo podía decir en voz alta no sabía porque, si lo tenía asumido que esta era mi realidad.
Tenía sed, eso era lo único que sabía bien, hacía tiempo que no bebía, es mas desde que me había convertido no había bebido nada, y de eso ya habían pasado dos o tres o no sé el tiempo es tan relativo ahora, que ni siquiera sabía cuando tiempo hacía ya que no me alimentaba.
Me levante del suelo, mire al cielo aun no pasaba el sol, no sabía ni el día, ni la hora, ni nada de nada y tampoco me importaba.
Me volví a sentar pero esta vez a los pies del árbol, iba a esperar a la noche para alimentarme. SI eso iba hacer esperaría a la noche para ir a comer algo al pueblo, tenía que hacerme la idea de que ahora era un vampiro y bebía sangre, tenía un pueblo cerca así que… ¿Qué tanto seria una o dos personas menos? Nada seguro que no lo notarían si bebía de algún marinero extranjero.
Cerré los ojos y apoye la cabeza contra el tronco. Solo tenía que esperar y eso iba hacer.
Mi otro lado
Estuve contra el árbol esperando que las horas pasaran y así poder largarme hasta el pueblo.
La sed era algo insufrible, necesitaba alimentarme lo antes posible, mi cuerpo lo necesitaba, aun me quería matar pero si no tenia energía como para pensar en un nuevo método no iba lograr dar con una respuesta certera, dado que mi mente solo pensaba en la sangre, era patético pensar solo eso durante horas y horas, pero nada más me importaba, esa era mi estúpida realidad y mis estúpidos pensamientos.
Cuando la noche se hizo con todo el bosque me pare sacudiéndome las partículas de polvo que ahora veía, aun no sabía porque tenía esos gestos tan humanos o quizás si lo sabia pero no quería reparar en ellos, tampoco entendía aun que era, y menos porque quería comportaba como lo que alguna vez fui, de todos modos daba igual como estaba vestido o si estaba sucio no, creo que a ellos, los humanos, les importaría muy poco como me viera.
Chasque mi lengua, podía sentir como mis colmillos mordían el lado interno de mi boca, no muy lejos de allí había alguien herido y eso me daba más sed, estúpida sed.
Me aterraba la idea de lo que estaba a punto de hacer pero… ahora era un cazador y ellos, los humanos era mi presa, lo tenía que ver así, no había otra salida.
Corrí por el bosque buscando y rastreando ese delicioso aroma que embriaga todo mi ser volviéndome loco. Pero sentía que corría sin sentido, como había dicho esto me estaba volviéndome loco y lo peor que perdía la cordura muy rápidamente.
Me detuve en seco y volví a respirar llenando mis palmos de aire, haciendo que mi cerebro se oxigenara para que así pudiese pensar mejor y no en sangre pero no podía, lo que acababa de hacer empeoraba las cosas. Volví a echarme a correr atravesando lo largo del bosque sin perder tiempo hasta llegar al pueblo.
Respire profundo adentrándome en las calles, y lo que olía no era lo mejor del mundo, realmente no si aun fuese humano seguro que estaría mareado en estos momentos.
Camine unas cuantas cuadras esquivando lo que más podía a las personas, yo se que ellas lo hacían conmigo o ¿me estaba volviendo paranoico? La verdad no lo sé, tampoco me interesaba mucho saber la respuesta, si total si estaba loco o no, paranoico o no, o si me miraban o no, todo eso era indiferente ahora, lo único importante es que tenia sed y que las estúpidas preguntas que pasaban por mi cabeza, no saciaban mi sed.
Seguí caminando ocultándome entre las penumbrosas calles hasta llegar a un callejón, sería perfecto ahí siempre se dan los duelos, alguien resultaría herido o mucho mejor para mi, resultaría algún muerto y yo solamente iba a probar la sangre sin tener que sentirme culpable de una muerte, no quería decir que el robarse sangre de otro no era malo, pero matar era peor que eso, aceptaba la idea de ser un monstruo pero no de ser un asesino
¿Qué pasaba si probaba y no podía parar? ¿Algunas ves lo podrían hacer? Tantas nuevas preguntas pasaban por mi cabeza y no tenía ni una sola respuesta, y seguía con sed.
Sé que es tedioso pensar una y otra vez en ello pero… no puedo pensar en otra cosa. Realmente quiero sacarme eso de la cabeza pero… mi voluntad es derrocada por el instituto, soy un animal.
Me apoye contra la pared del callejón, relajándome un poco pero cuando apenas sentí como la sangre caliente inundaban mi olfato, mi cuerpo se puso rígido y el resto de mis sentidos advirtieron como un grupo de hombres se encaminaba hacia aquí, tal vez era tres o cuatro, y venían discutiendo o eso me daba a pensar por el tono de voz alto que usaban entre ellos… lo mejor era esconderse para que no me vieran y así no interrumpía su intercambio de ideas.
Salte y me coloque sobre el tejado de una casa, mi torso pegado al techo y mi cabeza apenas despegada mirando hacia abajo para ver a los que serian mi cena… si es que serian mi cena, aun tenía mis dudas de que pudiese ceder totalmente a mis impulsos.
Los hombres entraron al callejón, justo como mis sentidos lo había predicho y se pusieron a discutir más alto, realmente no escuchaba lo que decían porque no quería entenderles no porque me resultara difícil escucharles gritar, hasta un humano los podría escuchar así fuera un sordo… Suspire pesadamente y aguarde en absoluto silencio esperando ver como se descuartizaban pero se tardaban mucho, simplemente era una riña verbal y yo me aburría de esperar por mi… sangre o lo que fuera.
Me pare sobre el techo haciendo el mayor ruido posible con la intención de que se dieran cuenta de que alguien los observaba, y así fue ellos levantaron la vista mirándome fijamente, se divertían.
-hey tu el muchacho de allí arriba baja – dijo uno de los hombres con tono de orden.
Sonreí, no sé por qué y me limite hacer lo que él decía, baje pero no como ellos pensaban que lo iba hacer sino que me deje caer del techo y al igual que los gatos, caí parado mirándolos con una sonrisa de costado.
Me quedaron mirando con los ojos como platos y en un profundo y lastimoso silencio.
-Aquí estoy señores – dije mientras yo avanzaba hacia ellos y algunos de ellos, los más cautelosos retrocedían mostrando algo de miedo en sus rostros. Los otros más valientes se quedaron parados como estatuas sin moverse del lugar y sin siquiera mostrar algo de expresión en sus caras. – en que los puedo ayudar? – pregunte con vos tranquila, algo que a pesar de todo no perdía era la tranquilidad en mi voz y me quede quieto a escasos metros de un hombre barbudo y que seguro que estaba cerca de los 50 años.
Luego de mi pregunta algo paso, no sé muy bien qué pero algo paso y uno de ellos salió corriendo pasándome por al lado y yo sin siquiera saber porque lo empuje haciendo que se diera de bruces contra la pared y cayera al suelo inconsciente mientras un hilo de sangre salía de su nariz.
El resto de los hombros se quedaron petrificados mirándome fijamente y yo a ellos, ni siquiera respiraban por varios segundos, quizás dejaron pasar un minutos hasta que el caos los invadiera sus cuerpos y salieran corriendo por sus vidas, agradecí que hicieran eso todos a la vez, por mucho que tenía una gran capacidad para reaccionar y agarrarlos a todos, no tenia las ganas de lastimarlos a todos, solo me concentraba en uno, al pobre hombre que había estampado contra la pared y que ahora estaba perdiendo una gran cantidad de sangre.
Cuando todo se fueron y la tranquilidad juntos con la oscuridad absoluta envolvieron de nuevo el callejón, con paso lento y decidido me acerque al hombre, a mi presa, me acuclillé a su lado mientras observaba sus rasgos, era un hombre normal no tenia que resaltara belleza o que demostrara lo contrario.
El hombre abrió los ojos, que eran de un marrón oscuro, y me miro directamente a los ojos, el a diferencia del otro hombre que había intentado ayudar primero y luego probar su sangre, este me miraba fijamente sin quitarme la vista de encima sin demostrar ningún tipo de sentimiento, respiraba pausadamente.
Nos quedamos viendo, no emitíamos palabras pero el silencio era lo necesario para tener una comunicación. Ambos sabíamos lo que estaba a punto de pasar.
El aroma a la sangre me volvió a invadir sin tener piedad por mi sentido del olfato y mi sistema reacciono a la perfección, me abalance sobre su cuello bajando los colmillos para clavarlos en su delicada piel.
Sentí el sabor de la piel… que novedad me sabia a tierra. Sentí sus brazos llevarlos hasta mi agarre hasta mi cabeza presentando resistencia, algo que había pensado que no lo haría pero ¿quién no lucharía por conservar su vida?
Algo dentro de mí se acomodo en mis pensamientos y así como lo había tomando con fervor para quitarle la vida, lo solté apartándolo de mí para conservar la vida de ambos.
Si lo mataba no iba tener una vida ni él, ni yo.
Di unos pasos hacia atrás acercándome mas a las tinieblas mientras lo observaba, observaba su cara contrariada por no saber lo que había pasado, lamentablemente yo tampoco sabía muy la respuesta pero si me quedaba más tiempo allí sería peligroso.
Escuche como de nuevo se nos acercaban los sonidos de la calle, mejor dicho los ruidos. Sin decir nada sonreí de costado al hombre, sabía que no me vería por estar en la oscuridad y avance hacia su lado, colocándome detrás de él.
-Corre – susurre a su oído.
El hombre dio un pequeño salto al escucharme, no se había percatado de mi presencia hasta que me escucho pero no dijo nada sino que asintió con la cabeza y se paro algo tambaleante y empezó a correr. No espere a ver como se perdía sino que yo salte de nuevo al tejado y me volví a esconder al bosque.
Llegue a las penumbras del bosque, respire y suspire sentándome a la orilla de un rio que pasaba por ahí.
Llevaba tiempo sin comer, no se tal vez un par de días.
…
Allí estaba la respuesta a mi intento por matarme, si seguía sin comer me iba a morir.Que fácil llegaba la respuesta luego de haber tenido un día bastante agitado quizás los golpes en la cabeza habían hecho funcionar mi cerebro pero aun así… seguía teniendo sed.
Eureka, Eureka!
Llevo varios días sin "comer", he tenido la idea que si no bebe sangre me termine muriendo y estoy muy conforme creo que lo estoy logrando.
En estos momentos no sé muy bien cuanto tiempo llevo de mi conversión, pero sé que han pasado días y días, semanas, varias semanas.
Lo sé por el hecho que veo cuando el sol se esconde y vuelve a salir a las horas, lo he visto una y otra vez como si fuera un Dejavu… ojala pudiera dormir, ojala pudiera hacer otra cosa pero con el pasar de los días he descubierto que los vampiros tenemos una gran enfermedad… el aburrimiento, nada me llama la atención más de 5 o 10 minutos con suerte, tampoco es que me pueda distraer tanto en un bosque. A veces me disperso con las hojas que caen o los insectos que pasan volando cerca mío es como si me desaparecieran del mundo y no pensara en nada más.
Otra cosa que he notado la abstinencia a la sangre me está volviendo loco, creo que tengo alucinaciones y estoy algo agresivo… mezquino con el mundo y con la pobre naturaleza, no me doy cuenta de la fuerza que tengo, y no me puedo contralar a veces.
Otra cosa que he notado con el tiempo, me estoy olvidando de mi vida humana, todo lo veo tan lejano como si intentara acordarme de algún sueño. Por más que intento acordarme de algo… no puedo, de todas formas estoy muerto y de que sirve acordarme de mi vida humana… no es bueno para mí añorar algo que nunca podre tener de nuevo, de lo único que me acuerdo es de mi padre, me gustaría verle la cara si me viera lo que soy, o simplemente contemplarlo mientras mira mi tumba. Estoy seguro que siempre me quiso en ese lugar… tres metros bajo tierra donde el pueda repetirme una y otra vez que he sido el culpable de la muerte de mi madre.
…
Hoy es de noche, estoy más lucido que en los últimos cinco días, creo que han pasado cinco días, no he estado muy bien últimamente, de repente en medio de la noche, en medio de la oscuridad tengo alucinaciones, siento que alguien me ve, que me persigue y veo que es alguien con una estaca que me puede matar . Ya no estoy tan seguro de querer matarme pero aun sigo sin beber nada.He aprendido a distraer mi mente, y mi sed. No es fácil pero he tenido voluntad de hacerlo, tampoco tengo muchas fuerzas para que mi cuerpo pueda moverse con gran velocidad o que haga algún esfuerzo sobre humano, todo me cuesta, hay días que siento que todo me da vuelta. Pero armo cosas con las ramas de los arboles, las hojas y todo lo que me encuentro en mis caminatas por el bosque, son cosas inservibles aun no invento nada nuevo, pero es un buen método para "matar el tiempo muerto".
…
Eureka… Eureka!… fue lo primero grito Arquímedes cuando dio con el principio de Arquímedes, el volumen de cualquier cuerpo puede ser calculado midiendo el volumen de agua desplazada cuando el cuerpo es sumergido en agua.
Yo no estaba en una bañadera y no soy Arquímedes pero he encontrado algo importante para la humedad, bueno eso creo.
He encontrado una solución a mi problema de la sangre, aun encuentro algo macabro tener que usar este método pero no soy tan monstruo, por lo menos soy un humano mas.
Anoche mientras caminaba por el bosque deje que mi impulsos sean los más libres, debo admitir que el casación físico y psitico me estaba matando de a poco, estaba muy débil hasta para pensar, mis recuerdos son vagos y algunos creo que son mas alucinaciones en las cuales no son las mejores para relatar. La sed ocupaba toda mi cabeza y era lo único que me hacia moverme, el aroma a la sangre, al principio pensaba que eran humanos pero no… este no era un olor dulzón, y era un poco más débil, cerca de donde yo estaba había una oleada grande a sangre, no olía a sangre fuera del cuerpo sino viajando por todo las venas del cuerpo, me podía imaginar todo el sistema circulatorio del cuerpo y eso hacía que tuviera más sed.
Mi cuerpo venció a la mente y con la poco energía que tenia se lanzo en busca de la sangre… y la encontré, me quede parado viendo una manada de ciervos, ellos me miraban a mí y yo a ellos, creo que nadie pestañaba, aunque no estoy muy seguro. Días atrás los había visto, había pensado en los animales como escape a mi "dolencia", siendo humano cazaba, salía con mi padre a cazar y muchas veces comíamos lo que cazábamos así que… me deje ser. Mi cuerpo se puso rígido y alerta captando todos los movimientos de los animales que estaban enfrente de mí.
Di un paso avanzando hacia el frente, pero fue un alerta para ellos, los ciervos se pusieron a correr para todos los lados, no sabía hacia donde lo hacían la cuestión para ellos era salir de mi vista, algunos los lograron pero otros… Corrí hacia uno que estaba totalmente aturdido y asustando, tan asustado como yo pero luego de poco minutos de corridas lo agarre, me lance sobre su cuello y lo mordí.
…
-pensé que el abuelo iba a describir mas eso- se quejo Nessie remarcando la palabra "eso" al escuchar que su abuela apuraba las últimas frases.
Esme miro a su nieta contemplándola por varios minutos en silencio.
-Pero tiene escrito eso – mintió Esme con su dulce voz.
Nessie miro a su abuela, hizo un mohín, se cruzo de brazos y se hundió aun más en el sillón. Pero conocía muy bien a sus abuelos, se dio vuelta para mirar a Esme a los ojos y poner su cara de cordero.
-Abu me estas ocultando algo, si tu no me lo lees le diré al abuelo que me lo lea – dijo con una sonrisa traviesa.
- Ya te sabes la historia contada por el – Nessie volvió hacer un mohín, algo vencida pero era tan ceñuda como Edward y busco la manera de presionar para que saber más.- si no lo hace el, le diré al tío Emmett que me siga leyendo – la sonrisa de la niña se extendió por su rostro.
- de acuerdo – Esme se dio por vencida. Era mejor que ella siguiera con la lectura, a que Emmett siguiera con la lectura… (Todos sabemos el porqué). La mujer se aclaro la garganta y proseguido con su lectura.
…
Corrí hacia uno que estaba totalmente aturdido y asustando, tan asustado como yo pero luego de pocos minutos de corridas y tropiezos lo agarre, me lance sobre su cuello, pude sentir con los colmillos bajaban por instinto y algo se iba acumulando mas y mas en mi garganta. Tome su cuello con una de las manos y con la otra intentaba paralizar su cuerpo, mis dientes, más específicamente mis colmillos atravesaron la carga del animal sin ninguna dificultad y este pego un chirrido capas de perforara cualquier oído, pero no me importaba nada, sentí un placer enorme al beber la sangre.
El animal en cuestión de segundos dejo gritar y se dio por vencido… en resumidas cuentas estaba muerto.
Me alimente de otro ciervo mas, había temido desde un principio que si probaría la sangre luego no podría parar pero lo hice, una vez que me hubiese satisfecho lo suficiente no tenía porque matar.
Deje los cuerpos de los animales a un lado, seguro que algún otro animal carroñero iba a terminar con sus cuerpos y me aleje del lugar.
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