El Regalo - One Shot

El regalo

Mi mentón reposaba sobre mi mano, mi antebrazo funcionaba como una perfecta columna para tener toda mi cabeza sostenida. Mi vista estaba clavada en la puerta de entrada de mi despacho mientras el ambiente era envuelto con la melodiosa y encantadora melodía del "Concierto n°1" de Tchaikovski. Estaba en aquel transe un poco tonto que se consigue al poner la música un poco fuerte mientras que en mi cabeza revoloteaba una idea. Pronto seria nuestro primer aniversario de casados y para ser sinceros me parecía que tan solo había pasado semanas o meses pero…no, no podíamos llevar un año de casados.

Erguí un poco más mi barbilla mientras mis dedos se posaban sobre mí, jugando sobre mi pera cerca de mis labios. ¿Cuál sería el regalo perfecto para mi esposa? Una de mis posibilidades era pedirle a mi hijo , mejor dicho a nuestro hijo Edward que se escabullera en los pensamientos de Esme para conseguirme aquella información pero aquello no, no estaba bien visto desde mi punto de vista ético. Tampoco lo haría hablar con ella para que me consiguiera la información de manera convencional pues seguiría usando a Edward y no quería aquello. Ahora yo era su esposo y se suponía que me conocía los gustos de Esme como si fueran mis propios gustos. Algo se me tenía que ocurrir.

Ya sé que es lo que regalare a Esme, Edward me ha guardado el secreto, a pesar de los años aun no me acostumbro al don de Edward a veces se me resulta algo incomodo cuando…Bueno veo a Esme y Edward empieza con sus toses, es comprensible que se ponga así pero también es compresible que tenga libertad de pensar lo que quiera pues mi cabeza es mía pero bueno teniendo un lector de mentes a veces es vergonzoso andar pensando cosas por ahí. Y eso que me controlo pero si no, no se pobre Edward debe sufrir con nosotros dos por ahí pensando en muchas cosas a la vez.

Apoye mi mano sobre el exhibidor de vidrio, que dejaba ver las joyas, joyas caras como las que vendían en Tiffany & Co. Sentía las miradas sobre mi nuca pero yo solo me limitaba a girar mi cabeza cuando eran muy persistentes y sonreírles de manera delicada y sencilla a las vendedoras o alguna que otra clienta. Agradecía no estar con Esme por ahí porque aun ella era como un bebe, bueno ya tenía dos años de estar convertida pero a veces se le olvidaban las cosas y yo terminaba con las camisas un poco rasgada por la presión de mi esposa en la delicada tela.

Estaba algo desesperado para ser sincero, el vendedor no llegaba con mi pedido y en pocas horas tenía que llegar a casa para seguir con todo aquello que tenía planeado para hoy a la noche. Había querido pasar todo el día con Esme como era debido pero le había prometido que saldría temprano del trabajo y que haríamos algo especial, y lo íbamos hacer pues tenía cada uno de los detalles en mi mente y Edward me había ayudado con todo. Esto iba a ser algo especial para los dos sin ninguna duda.

Por fin el hombre calvo de mediana edad entro de nuevo a la tienda con una cajita de gamuza color negro azabache. Parecía que no solo mi mirada se concentraba en lo que llevaba el hombre sino que la de otras personas curiosas también estaban puesta allí.

-Aquí tiene su encargo Dr. Cullen – Me dijo el hombre abriendo la cajita con cuidado y mostrándome el contenido

No pude evitar sonreírme

-¿Esta todo en orden? Puedo sacarlo de la caja para que lo vea – me dijo el vendedor apoyando la caja en la exhibidora

-No, no – dije haciendo un movimientos de mano – déjelo ahí en la caja, ya he visto que esta todo más que bien no hace falta que lo saques de su cajita – le dije pasándome la mano por el pelo.

Sé que muchos curiosos querían ver que era aquello había en la caja pero mi porte no dejaba ver mucho que digamos.

Baje mi vista hasta la vitrina de vidrio y vi un anillo.

-Quiero también ese anillo que está allí – dije indicando con mi dedo un anillo con diamantes de platino y un centro de Esmeralda.

El hombre me miro, creo que pensaba que no era capaz de pagar las dos cosas pero con el dinero que tenia era capaz de llevarme todo lo que a mí se me ocurriera y más pero no era vanidoso solo quería dar un buen regalo a mi esposa. Yo no veía nada de malo en eso.

-Ese señor – dijo sacándolo para mostrármelo

-Si este – me volví a sonreír tocando apenas - también me lo llevare.- dije muy seguro de mis palabras.

-Excelente elección Señor Cullen – dijo el hombre - ¿También es para regalo?

-Sí también

- De acuerdo

El vendedor tomo la cajita negra y el anillo llevándoselos para envolverlos a ambos mientras yo seguía aguardando parado allí con todas las miradas en la espalda y otras tantas de costado. Metí mis manos dentro de los bolsillos del pantalón y di un suspiro. Estaba demasiado ansioso como para estar allí quieto.

Al cabo de unos cuantos minutos por fin el hombre volvió con mis cosas y yo le entregue una parte del pago en billetes y otra en un cheque. No quería levantar tantas sospecha de donde había conseguido tanto dinero.

Tome mis cosas y me fui de allí caminando.

Un cuarto de hora más tarde vi como Edward salía por la puerta y levantaba la mano haciéndome señas que todo estaba bien, iba con una sonrisa de costado con cierto grado de…realmente no sabía cómo definir aquella sonrisa pero aquello ahora no me importaba.

Apenas entre en mi casa oí como se escuchaba el Charleston por toda la casa. Ladee mi cabeza, estaba seguro que esto no era obra de Edward sino que a mi esposa le gustaba escuchar música. Yo no salía de lo clásico pero a ella le gustaba escuchar la música de ahora, el Jazz o el Charleston, bueno teníamos varios años , décadas para no agregarme más años de diferencia nuestros estilos de música eran bastante diferente. Como siempre éramos un balance para todo.

Subí por las escaleras para entrar en una de las habitaciones de la casa, realmente no vivíamos aun en una gran casa pero se veía bonita por dentro, Esme tenía muy buen gusto para decorar la casa y reconstruir uno que otro mueble viejo.

Entre en aquello denomino mi estudio, mi lugar en donde guardaba mis papeles, archivos y libros todo aquello que tenía que ver con mi trabajo… Un lugar un tanto sagrado según la vista de Esme y Edward. Pero en aquellos momentos ella estaba allí, realmente no me molestaba que entrara allí, ellos tenían ciertas fantasías de aquel lugar como si yo estuviera escondiéndoles algo o no sé realmente que es lo que pasara por sus cabezas.

Me acerque con lentitud hacia Esme, mi esposa intentando no hacer ruido realmente no quería sacarle de aquel estado en el que estaba cuando se ponía a cantar, bueno mejor dicho a canturrear.

Mis brazos automáticamente pasaron alrededor de su cintura y mis labios se pegaron a su cuello para dejar un beso justo allí.

-Hola – Salude voz casi tímida por decirlo de alguna manera

Ella se dio vuelta y sus ojos ahora dorados se clavaron sobre los míos y me dedico una de sus radiantes sonrisas y no pude más que hacer lo mismo, sonreírle de la misma forma porque era algo como un tic, como si fuera su propio reflejo.

Sus manos acariciaron mis mejillas, si aun fuera humano estaría mas que seguro que aun podría sentir aquel calor sobre las mejillas. Mi sonrisa se ensancho aun más hasta que sentí sus labios sobre los míos. Aquellos labios, aquel beso era la mejor bienvenida que podría tener en toda la vida.

-Hola – me saludo ahora por medio de su voz

-¿Estas lista?

Esme me miro algo confundida pero yo simplemente me limite a sonreírle de costado y la mire, realmente para mi gusto no necesitaba arreglarse así como estaba bien , tampoco era que fuéramos a salir a un lugar lleno de gente sino todo lo contrario.

-¿Para? –pregunto con curiosidad

En aquellos momentos dude si decirle o no, si valía la pena decirle todo el plan pero no, mejor era tenerla con curiosidad, me gustaba verle la cara a Esme cuando intentaba saber que era lo que pasaba por su cabeza.

-Tengo pensando ir a un lugar para que celebremos – le sonreí de costado, no diría más que eso.

Deslice mi mano por el brazo de Esme hasta tomar su mano y entrelazarla conmigo.

-¿Vamos a salir?

-Sí, vamos a salir – dije jalando con delicadeza de su brazo y echándome a caminar haciendo que mí esposa me siguiera.

-No me he cambiado – se excuso intentado poner algo de resistencia.

-Pero te ves hermosa así como estas.- le respondí en tono dulce

-Me podría poner cualquier cosa y tú me dirás que estoy bien.

-Si tienes toda la razón pero para esta ocasión estas bien confía en mí

Le dedique una sonrisa y abrí la puerta de entrada, camine hacia mi Pontiac para abrirle la puerta a Esme, sabía que si íbamos caminando era mejor pero no, prefería que simuláramos ser normales.

-No intentes interrogarme no servirá – me adelante a sus palabras y me reí al escuchar como ella daba un pequeño bufido, con tan poco tiempo a veces sin quererlo me adelantaba a sus pensamientos y a sus palabras.

El trayecto fue casi en silencio, digo casi porque Esme me quería hacer hablar y yo no, así que bueno como logre hice que Esme contara que había hecho durante todo el día, realmente no había salido del todo bien me conto una parte y la otra parte intento hacerme hablar.

-Llegamos – respondí

Estacione el auto a los pies de una de las colinas que estaban afuera de la ciudad, ella me miro un tanto extrañada. Pero yo no dije nada, realmente me costaba mucho no decirle nada pero no quería romper aquel enigma.

Me baje del auto y le abrí la puerta del auto a mi esposa extendiendo mi mano para que ella la tomase.

-Me está tomando todo por sorpresa – me dijo ella

-Esa es la idea cielo – en aquel momento me incline un poco para darle un beso en los labios y luego me separe para pasar por detrás de ella y sacar de pequeño baúl del auto una cesta de día de camping.

-¿Noche de camping?-pregunte ella con una sonrisa y yo asentí con la cabeza.

-Digamos que algo así

Volví a tomar su mano y la mire

-Vamos – le guiñe el ojo

- No me dirás

-No, pero ya queda poco así que se un poco paciente quieres – le pedí y ella acepto con la cabeza.

Subimos por la colina hasta llegar a la cumbre y allí solté su mano para desdoblar la manta a cuadros poniéndola sobre el césped.

-Enserio es una noche de camping, pero no comemos

-y es de noche – bromee sonriéndome de costado.

-Ya queda poco…ven – estire mi mano y tome su mano – te sientas por favor – le pedí con una sonrisa y ella acepto mi pedido también con una sonrisa formada en los labios. – Mira hacia el cielo y dime que ves.

Esme me miro primero a mí, sabía que no iba a entender muy bien aquel juego pero no me importo quería distraer su atención de mi por lo menos dos segundos. Ella alzo la vista para mirar aquel firmamento estrellado, realmente era una vista hermosa que solo se podía admirar desde allí arriba, era un paisaje digno de pintarse. Quizás en un futuro ella lo podría hacer si es que retenía aquel hermoso paisaje en su memoria.

En aquel momento en que Esme admiraba el cielo yo tome de la cesta lo que tenia preparado y le pase una copa, logre obtener de nuevo su atención

-¿Sangre?

-Sí, el vino hasta por donde yo sé no nos hace efecto – conteste – es de animal, no te preocupes puedes tomar pero antes…

Me acerque lentamente hasta que mis labios atraparon los suyos y le di un beso apasionado en los labios, el cual me devolvió del mismo modo.

-¿Sabes porque estamos acá? – pregunte despegándome de sus labios

- Por nuestro aniversario – contesto ella casi dudando pero luego me sonrió.

-Correcto – le devolví la sonrisa - ¿Sabes por qué estamos solos justo aquí?

Ella frunció levemente el entrecejo y yo me sonreí de costado, había sido una pregunta un tanto difícil lo admitía y estaba seguro que ni yo me sabía muy bien la respuesta.

-Estamos solos porque es nuestro aniversario pero no sé por qué no has traído aquí.

Ladee la cabeza ya que ella casi le había acertado a mis pensamientos, aquello me hizo sonreír, no necesitábamos ser Edward para estar en la cabeza del otro y aquello era una gran ventaja, quería decir que realmente estábamos hechos el uno para el otro.

-Estamos justos aquí solos, alejados de todos porque es un lugar especial donde podemos ser nosotros sin que nadie más nos mire – dije sonriéndole de costado.- en este momento somos tu y yo y nadie más. – mis labios volvieron a caer sobre sus labios pero esta vez el beso fue algo más dulce. – sabes te traje tu regalo – me tantee el bolsillo del pantalón y saque un pequeña cajita de gamuza negra –feliz aniversario – dije pasándole el obsequio mientras le daba un pequeño beso en la mejilla.

Ella me sonrió con aquella sonrisa que solo me dedicaba a mí, que sabía que solamente era para mí y aquello hacia que me sintiera aun más importante en la vida. Quizás me ilusionaba con tan poco pero para mí ella era lo más importante de mi vida.

Esme abrió con cuidado su regalo y vio que un anillo de Esmeralda, voltio a verme con una sonrisa que lo decía todo, con aquello estaba más que conforme, su sonrisa lo valía todo. Ella extendió la mano hacia mí y con la sortija. Yo la tome y metí el anillo en su dedo siendo siempre delicado hasta en aquello pequeños detalles. Mis labios una vez más tocaron sus labios dándole un beso bastante delicado pero apasionado. Esme paso sus manos por alrededor de mi cuello mientras yo pasaba mi mano por su cintura aun teniendo sus labios conectados a los míos. Pero me separe porque aun teníamos varias cosas que hacer y por mucho que me gustara sentir sus labios pegados a los míos aun no era tiempo.

-Tengo tu regalo en casa – me dijo ella y yo le sonreí.

-Está bien, no se moverá de ahí así que podemos quedarnos aquí un rato y luego vamos de nuevo a casa hay más cosas por hacer.

Nos sonreímos ambos, estaba seguro que de afuera se nos veía como una pareja de jóvenes enamorados, quizás mi pensamiento era cursi pero sabía que de por vida nos iban a ver así ya que mis sentimientos por ella nunca iban a cambiar y estaba más que seguro que los de mi bellísima esposa tampoco iban a cambiar.

Las dos horas siguientes la pasamos allí acostados mirando aquel cielo estrellado mientras nos contábamos cosas y nos reímos, todo era paz y amor como quería que fuera mi vida a su lado. Y sabia que quizás algunas cosas cambiarían pero aquello no, siempre abría amor entre nosotros era nuestro destino.

El viaje de regreso a casa fue tranquilo, la cabeza de Esme reposo sobre mi hombro si hubiese sido humana se hubiese quedado dormida bastante complacida pues llevaba los ojos cerrados y una pequeña sonrisa en el rostro.

Llegamos a casa y entramos, ella instintivamente busco el aroma de Edward en el ambiente pero yo sabía que nuestro hijo no iba aparecer hasta mañana por aquí.

-Esta cazando, no volveré hasta mañana – anuncie dejando las llaves sobre una de las mesita que había a la entrada con un espejo

-¿Se fue?

-Es su regalo de aniversario – dije en tono suave y Esme camino hacia mí con una sonrisa algo picara en los labios lo cual hizo que me mordiera de nuevo el labio inferior, paso sus brazos por mi cintura y me dio un beso apasionado – te amo – dije entre sus labios.

-yo más –dijo ella empezando a tirar de mí para llevarme hacia la habitación

Me deje arrastrar como si estuviera hechizado, bajo algún tipo de embrujo, Esme tenía aquello podía hacer su voluntad conmigo, podía hacer lo que quiera de mí y a veces ella se aprovechaba de ello pero a mí no me molestaba.

Mis manos pasaron por su cintura y nos gire en un momento luego de entrar en nuestra habitación para hacer que cayera a la cama, y la mire al despegarme de sus labios.

-Aun falta un regalo – dije acercándome de nuevo a sus labios pero los esquive para besar su cuello.

Sentí como aquello había provocado un pequeño suspiro por parte de mi esposa y me sonreí un tanto satisfecho por haber hecho aquella maldad.

-Luego te doy tu regalo – me dijo pasando sus manos por mi espalda.

-No hablaba de mi regalo –me erguí con una sonrisa triunfante – si no del tuyo.

-Lo tengo aquí – dijo poniendo su mano enfrente de mi rostro – no de ese no, yo hablo de otro.

Esme me miro alzando un poco sus cejas, me encantaba sorprender a mi esposa.

-Tengo un regalo muy especial para ti – me acomode sentándome a su lado en la cama y saque otra cajita de mi pantalón, esta vez un poco más grande la del anillo. Puse dos de mis dedos sobre los labios de Esme ya que no se bien que me iba a decir pero antes de que ella me dijera algo yo quería que viera aquel regalo que merecía la pena – he pesando mucho en el regalo, por favor ábrelo – le pedí

Ella me miro a los ojos y tomo el regalo de entre mis manos. Lo empezó abrir como si temiese a romperlo pero luego de quitar la pequeña franela que tenía envuelto al regalo me miro.

-Lo primero que me llamo la atención sobre ti fue tu rostro en forma de corazón, eras una niña muy linda que tenía un rostro difícil de olvidar. Años más tarde cuando te encuentre fue tu aquello mismo que había captado mi atención lo que nos salvo a ambos – le sonreí de costado mirando aquella cadenita – este corazón pequeño es el símbolo de mi amor, de mi recuerdo por lo cual te salve y lo que me hizo que me enamorara de ti – tome la cadenita y se la coloque en el cuello – en simples palabras es mi corazón el que yo te estoy regalando –deje que su pelo volviese a caer sobre su espalda y Esme volteo a verme tocando el pequeño corazón de color dorado que ahora colgaba en su cuello iba a decir algo pero no, no porque ya sabía con que iba a decirme y no quería perder tiempo en ello , si me quería agradecer algo había otros medios para agradecerme - ahora si Feliz aniversario.- dije ensanchado mi sonrisa aun más mientras pasaba de nuevo mis brazos por su cintura.

Tal cual yo lo pensaba sus labios se hicieron con los míos mientras sus manos pasaban por mis cabellos. Las palabras en sobran en ciertos momentos y ahora era uno de esos momentos.


Forks, actualidad.

Abrí la puerta de mi recamara para ver si Esme ya estaba lista era se celebraba el primer añito de Nessie y bueno era algo importante para todo así que en casa estábamos de fiesta. Por suerte con pocos humanos a nuestro alrededor.

-¿Estas lista? – pregunte asomando mi cabeza apenas mi cabeza para ver el interior de la habitación y la vi a ella arreglándose frente al tocador

-Me ayudas – pregunto ella mostrándome la cadenita y pase a la recamara juntando apenas la puerta.

-Claro – pase y me acerque a ella.

Cuando estuve detrás de mi esposa tome la cadena y se la coloque con mucho cuidado.

-Nunca entendí porque la usas para ocasiones especiales – dije dejando caer el pelo sobre su espalda y le di un beso en la mejilla.

Esme no me respondió enseguida sino que se levanto y se giro para apenas apoyar sus labios sobre los míos, recién se había puesto el lápiz labial así que suponía que era por eso.

-No quiero perder tu corazón en cualquier parte – me contesto y me dio otro beso en la mejilla antes de irse hacia la puerta.

Gire la cabeza para verla y ella me extendió la mano. Camine hacia ella tome su mano, apague el interruptor y cerré la puerta.

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